Dialéctica del bloqueo
Por: Javier Mendieta Paz*
Interpretar el fenómeno del bloqueo —un ritual de protesta con un peso sociopolítico enorme en nuestro contexto— a la luz del psicoanálisis lacaniano nos exige separar el hecho empírico (la demanda política o económica) de lo que verdaderamente se juega en el nivel del inconsciente y del lazo social.
Para Jacques Lacan, el sujeto y la sociedad se estructuran a través de tres registros: *lo Simbólico* (la ley, el lenguaje), *lo Imaginario* (la identidad, el espejo, el conflicto con el semejante) y *lo Real* (lo que escapa a las palabras, lo traumático, el goce).
El rito del bloqueo puede leerse como una compleja coreografía entre estos tres registros.
1. El bloqueo como falla en lo Simbólico (La Ley y el Pacto).
Lo Simbólico es el campo del Gran Otro: el lenguaje, las instituciones y la ley que regula la convivencia. Cuando la palabra pierde su eficacia simbólica —es decir, cuando los pactos, el diálogo o los canales institucionales tradicionales se perciben como vacíos o rotos— el orden se fractura.
El bloqueo aparece ahí donde el lenguaje ordinario ya no hace lazo. Ante la impotencia de la palabra para ser escuchada por el Otro (el Estado, el gobierno, el poder), el colectivo interrumpe la circulación. Bloquear la carretera es, paradójicamente, *hacerse oír mediante la producción de un silencio en el tránsito*. Es un intento radical de forzar al Otro a responder, inscribiendo la demanda no en un papel o en un discurso, sino en el espacio geográfico.
2. La dialéctica del Goce y el Objeto “a”.
Uno de los conceptos más agudos de Lacan es el goce (la goce), que no es el placer, sino una satisfacción paradójica, pulsional ya menudo ligada al exceso o al sufrimiento. El rito del bloqueo pone en marcha una economía del goce muy particular:
el control del flujo: impedir que el otro pase otorga una posición de dominio. Hay un goce en suspender el tiempo del rival, en someter al habitante de la ciudad o al transportista a la espera forzada.
El objeto “a” como causa del deseo: la demanda explícita del bloqueo (caminos, presupuestos, leyes) suele funcionar como una pantalla. Lo que realmente se disputa es el reconocimiento. El bloqueo transforma al bloqueador en el objeto que obstruye el deseo del Otro. El sujeto se vuelve, literalmente, aquello que "hace falta" o estorba para que el sistema funcione.
3. La dimensión Imaginaria: El "Nosotros" frente al "Ellos"
En el registro Imaginario impera la lógica del espejo: la identificación y la agresión. El bloqueo es un rito fuertemente identificador.
Alrededor de la fogata, de la barricada o de la piedra en el asfalto, se consolida un "Nosotros" cohesivo. Sin embargo, la identidad lacaniana siempre se construye en oposición a un enemigo. El bloqueo escenifica de forma cruda la agresión imaginaria: la calle se divide entre los que sostienen la medida y los "otros" (los bloqueados, los ciudadanos, los opresores). Es una lógica especular donde el valor propio se sostiene en la medida en que se logra desestabilizar o perturbar al semejante.
4. El bloqueo como Acting Out o Pasaje al Acto.
En la clínica lacaniana, cuando el sufrimiento o la demanda no encuentran palabras para expresarse, el sujeto recurre al cuerpo ya la acción. Aquí podemos distinguir dos formas en el rito:
Como Acting Out: el bloqueo es una puesta en escena dirigida al Gran Otro. Es un "miren lo que tengo que hacer para que me presten atención". Tiene una dimensión teatral, ritualizada y simbólica (las banderas, las consignas, los horarios de cuarto intermedio). Buscan una respuesta y una rectificación del Otro.
Como Pasaje al Acto: cuando la protesta desborda el rito, rompe el lazo social y cae en la violencia pura o el enfrentamiento ciego. Aquí el sujeto se sale del tablero simbólico y se topa con lo Real: la pura contingencia, el choque de cuerpos y la destrucción, donde ya no hay búsqueda de reconocimiento, sino ruptura total.
En conclusión, desde la mirada lacaniana, el rito del bloqueo no es simplemente una estrategia de presión social; es un síntoma. Una manifestación en lo Real de una insatisfacción estructural que el orden Simbólico vigente no alcanza a nombrar ni a pacificar. Bloquear el paso del cuerpo del otro es la última frontera para inscribir la propia existencia en el mapa del deseo y del poder.
*Javier Mendieta Paz es Psicólogo.
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